{"id":4063,"date":"2020-11-29T21:23:50","date_gmt":"2020-11-29T21:23:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/?p=4063"},"modified":"2020-11-29T21:23:51","modified_gmt":"2020-11-29T21:23:51","slug":"los-grandes-hombres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/2020\/11\/29\/los-grandes-hombres\/","title":{"rendered":"Los grandes hombres"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\">La aut\u00e9ntica autonom\u00eda de juicio de los grandes hombres nunca va acompa\u00f1ada de menosprecio por el pr\u00f3jimo<br>Autor: Alfonso Aguil\u00f3 Pastrana<\/p>\n\n\n\n<p>Stefan Zweig relata en su autobiograf\u00eda una interesante an\u00e9cdota sucedida durante su estancia en Par\u00eds, en 1904. Por entonces, \u00e9l no era m\u00e1s que un joven principiante de 23 a\u00f1os, pero ten\u00eda la suerte de coincidir de vez en cuando con algunos de los m\u00e1s famosos escritores y artistas de su tiempo. El trato con algunos de esos grandes hombres le estaba resultando de gran provecho, pero -seg\u00fan cuenta el propio Zweig- todav\u00eda estaba por recibir la lecci\u00f3n decisiva, la que le valdr\u00eda para toda la vida.&nbsp;<br><br>Fue un regalo del azar. Surgi\u00f3 a ra\u00edz de una apasionada conversaci\u00f3n en casa de su amigo Verhaeren. Hablaban sobre el valor de la pintura y la escultura del momento, y su amigo le invit\u00f3 a acompa\u00f1arle al d\u00eda siguiente a casa de Rodin, uno de los artistas entonces m\u00e1s prestigiosos. En aquella visita, Zweig estuvo tan cohibido que no se atrevi\u00f3 a tomar la palabra ni una sola vez. Curiosamente, ese desconcierto suyo pareci\u00f3 complacer al anciano Rodin, que al despedirse pregunt\u00f3 al joven escritor si quer\u00eda conocer su estudio, en Meudon, y le invit\u00f3 a comer all\u00ed con \u00e9l. Hab\u00eda recibido la primera lecci\u00f3n: los grandes hombres son siempre los m\u00e1s amables.<br><br>La segunda lecci\u00f3n fue que los grandes hombres casi siempre son los que viven de forma m\u00e1s sencilla. En casa de ese hombre, cuya fama llenaba el mundo y cuyas obras conoc\u00eda toda su generaci\u00f3n l\u00ednea por l\u00ednea, como se conoce a los amigos m\u00e1s \u00edntimos, en esa casa se com\u00eda con la misma sencillez que en la de un campesino medio. Esa sencillez infundi\u00f3 \u00e1nimo al joven escritor para hablar con desenvoltura, como si aquel anciano y su esposa fueran grandes amigos suyos desde hac\u00eda a\u00f1os.&nbsp;<br>La siguiente lecci\u00f3n surgi\u00f3 cuando el anciano le condujo a un pedestal cubierto por unos pa\u00f1os humedecidos que escond\u00edan su \u00faltima obra. Con sus pesadas y arrugadas manos retir\u00f3 los trapos y retrocedi\u00f3 unos pasos. Al mostrar la imagen, advirti\u00f3 un peque\u00f1o detalle que corregir. \u00abS\u00f3lo aqu\u00ed, en el hombro, es un momento\u00bb. Pidi\u00f3 disculpas, tom\u00f3 una esp\u00e1tula y con un trazo magistral alis\u00f3 aquella blanda piel, que respiraba como si estuviera viva. Luego retrocedi\u00f3 unos pasos. \u00abY aqu\u00ed tambi\u00e9n\u00bb, murmur\u00f3. Y de nuevo realz\u00f3 el efecto con un detalle min\u00fasculo. Avanzaba y retroced\u00eda, cambiaba y correg\u00eda. Trabajaba con toda la fuerza y la pasi\u00f3n de su enorme y robusto cuerpo. As\u00ed transcurri\u00f3 cerca de una hora. Rodin estaba tan absorto, tan sumido en el trabajo, que olvid\u00f3 por completo que detr\u00e1s de \u00e9l estaba un joven silencioso, con el coraz\u00f3n encogido y un nudo en la garganta, feliz de poder observar en pleno trabajo a un maestro \u00fanico como \u00e9l. Zweig hab\u00eda visto revelarse el eterno secreto de todo arte grandioso y, en el fondo, de toda obra humana: la concentraci\u00f3n, el acopio de todas las fuerzas, de todos los sentidos. Hab\u00eda aprendido algo para toda la vida.&nbsp;<br><br>Este escueto suceso bast\u00f3 para grabar a fuego en aquel joven estudiante c\u00f3mo son los grandes hombres, los esp\u00edritus verdaderamente grandes. Su humildad y su capacidad de trabajo son algo muy lejano de lo que suele verse en muchas personas que se creen grandes pero son s\u00f3lo menospreciadores de los dem\u00e1s, personajes revestidos de una torpe altaner\u00eda que les hace considerarse habitantes de sublimes soledades, hombres fatuos que se manejan por la vida como si s\u00f3lo ellos fueran almas elegidas e inteligentes. Esa suficiencia de oficinista, al estilo de \u00abusted no sabe qui\u00e9n soy yo\u00bb, es lo contrario de la aut\u00e9ntica autonom\u00eda de juicio de los grandes hombres, que nunca va acompa\u00f1ada de menosprecio por el pr\u00f3jimo, y que cuando habla de la estupidez humana sabe bien que \u00e9l tampoco es inmune a ella, sino que algunas veces ser\u00e1 m\u00e1s inteligente y otras m\u00e1s tonto que quien tiene al lado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La aut\u00e9ntica autonom\u00eda de juicio de los grandes hombres nunca va acompa\u00f1ada de menosprecio por el pr\u00f3jimoAutor: Alfonso Aguil\u00f3 Pastrana Stefan Zweig relata en su autobiograf\u00eda una interesante an\u00e9cdota sucedida durante su estancia en Par\u00eds, en 1904. Por entonces, \u00e9l no era m\u00e1s que un joven principiante de 23 a\u00f1os, pero ten\u00eda la suerte de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[8],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4063"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4063"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4063\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4064,"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4063\/revisions\/4064"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4063"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4063"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.parroquiajesusmaestro.cl\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4063"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}